martes, 13 de mayo de 2008

Colección "La Ciudad de los naranjos"

Editada por la Biblioteca Mariano Moreno de La Rioja


La “Colección La Ciudad de los Naranjos” fue creada en 1998, cuando la Biblioteca Popular “Mariano Moreno” aceptó la donación con cargo efectuada por el Dr. Ricardo Mercado Luna, destinada a financiar la publicación de clásicos riojanos inéditos o agotados. No quiso entonces el donante que su nombre trascendiera, y, en agradecimiento, la Comisión Directiva decidió nominar ese emprendimiento editorial con el título de una de las obras de Mercado Luna, por entender que de ese modo –a la vez que se nombraba a La Rioja– se homenajeaba al creador de la colección.

Hoy, el autor de La ciudad de los naranjos, no está físicamente entre nosotros, pero su amor a la tierra natal continúa vivo, no sólo en las páginas que dejó escritas, sino también en este noble gesto de propiciar la reedición de la obra de otros autores, antes que la suya propia.

La primera etapa de este emprendimiento editorial, dio como resultado la publicación de trece volúmenes de “clásicos”, más dos tomos dedicados a la “difusión de autores noveles en atención a su mérito, determinado mediante concursos”, tal como Ricardo Mercado Luna lo dejara estipulado.

En el 2006 se inicia una nueva etapa que hemos dado en llamar SEGUNDA SERIE DE CLÁSICOS, y que se abre con las obras de un gran maestro y precursor de los estudios folklóricos de la provincia: el Dr. Juan Zacarías Agüero Vera.


Títulos:

Tomo 1- OBRA POÉTICA de José M. Paredes.
Tomo 2- JUAN FACUNDO QUIROGA de Elías Octavio Ocampo.
Tomo 3- EL HOMBRE QUE
OLVIDÓ LAS ESTRELLAS de Angel María Vargas
Tomo 4- MITRE Y EL CHACHO de Dardo de la Vega Díaz.
Tomo 5- CÉSAR REYES- BIOBIBLIOGRAFÍA COMENTADA de Julián Cáceres Freyre
Tomo 6- DEL SOLAR RIOJANO de Nicolás González Iramáin.
Tomo 7- CRÓNICAS RIOJANAS Y CATAMARQUEÑAS
de Salvador de la Colina
Tomo 8- MIS MONTAÑAS de Joaquín V. González.
Tomo 9- POZO DE BALDE de Rosa Bazán de Cámara.
Tomo 10- UN LANCERO DE FACUNDO
de César Carrizo
Tomo 11- LA TIERRA CONTADA de Juan Bautista Zalazar.
Tomo 12- LA MIRADA EN EL TIEMPO
de Arturo Marasso.
Tomo 13- HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE LA RIOJA de Carlos Alberto Lanzillotto
Tomo 14- DIVINIDADES DIAGUITAS de Juan Zacarías Agüero Vera

SERIE CONCURSOS

I -OCUPANTE DEL MUNDO Y OTROS POEMAS de Teresita Flores, Carlos Mamonde, Rosa Pereyra y otros.
II -SEGUNDO TOMO “CONCURSO DE POESÍAS LA CIUDAD DE LOS NARANJOS” de Adriana Petrigliano, Ben Ami Shargodsky y Pedro Herrera

viernes, 22 de junio de 2007

ARTEMIO MORENO



Artemio Moreno nació en Olta, provincia de La Rioja, en 1892, donde cursó sus estudios primarios. En la Capital Federal realizó la secundaria y más tarde cursó la carrera de abogacía en Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Con su tesis “Legislación de huelgas” obtuvo el doctorado en la misma casa de altos estudios.
Siendo un criminólogo de renombre, ejerció la docencia en la Universidad Nacional de La Plata y en la Escuela Superior de la Policía Federal.
Una promisoria carrera judicial lo tuvo como fue juez de instrucción durante más de veinte años y como fiscal de la Cámara de Apelaciones hasta 1946. De espíritu multifacético, también la literatura lo ganó para su causa: fue cuentista poeta y ensayista. Se destacó especialmente en la crítica literaria. En 1925 viajó a Europa donde entrevistó a escritores de la talla de Pío Baroja y Miguel de Unamuno.
Entre sus producciones literarias, estudios jurídicos y ensayos de crítica, ha publicado las siguientes obras:
Labor de ritmo,
Niñez abandonada y delincuente
La justicia de instrucción y la ley positiva,
El sentimiento en la vida y en el arte,
En torno a Maupassant,
Ojos alucinados,
Parábola del tiempo,
Balzac,

El mundo de la comedia humana,
De Stefan Zweig a Maritain,
Doctrina y práctica del procedimiento penal.
La hora confidente,
Teoría legal del cuerpo del delito,
Interrogatorio judicial e hipnotismo,
El procedimiento penal,
La naturaleza, el trabajo y la técnica,
El espíritu de la ciudad
(conferencia pronunciada con motivo del centenario de Biblioteca Mariano Moreno y editada por esta misma institución en 1936)
La novela de América
Artemio Moreno falleció en Buenos Aires, en julio de 1953

jueves, 24 de mayo de 2007

ARIEL FERRARO

ARIEL FERRARO RESEÑA BIOGRÁFICA

Nacido en los Llanos riojanos el 20 de septiembre de 1925, José Humberto Pereyra, a quien todos llamaban Ariel, fue durante largos años una figura central en el quehacer cultural riojano.

Por amor al arte

De espíritu curioso y sensible, supo apreciar el arte en todas sus manifestaciones y no sólo formó parte de aquella verdadera integración que significó el grupo Calíbar en La Rioja, sino que supo tender lazos más allá de las fronteras de su provincia y aun de su país, manteniendo contacto con reconocidos escritores nacionales y extranjeros de la época, muchos de los cuales visitaron estos pagos por invitación suya. Pero no sólo los consagrados tenían cabida en esa amistad generosa; también los noveles poetas y artistas encontraban un lugar en la casa y en el corazón de Ariel. Era un referente ineludible: el escritor Mario Paoletti afirma que, aunque siempre hubo una dirección de oficial cultura, “todos sabíamos que en realidad, la verdadera dirección de cultura la llevaba puesta Ariel Ferraro como se lleva la ropa que uno viste. Autoportante.” (Boletín Nº 7 de la Biblioteca Mariano Moreno- Año 2002).

Sobresale el Poeta

Si bien en sus últimos años, durante el exilio, se diplomó en Ciencias Religiosas en Salamanca y recibió Doctorados Honoris Causa en universidades de países extranjeros, su vastísima cultura y su sabiduría provenían de un autodidactismo tenaz, ejercido durante toda la vida y enriquecido constantemente por incansables y variadas lecturas. Incursionó en el teatro (en Madrid se pusieron en escena dos obras suyas), trabajó en radio y televisión, fue docente superior, editor y crítico de arte, pero fundamentalmente, poeta, y ese ése el título con el que pasó a la historia de las letras riojanas: poeta y de los grandes.

Vientos de cambio

Dotado de un natural talento, sintonizó las corrientes vanguardistas que venían reclamando en Europa y en América una nueva manera de entender el arte, y orientó su poesía hacia formas más arriesgadas y abstractas que, lejos de eludir la realidad circundante, la hacían materia de su creación. Ariel fue el gran renovador de la lírica en una provincia en la que las hondas tradiciones encasillaban también las formas literarias, temerosas de romper los moldes estéticos aceptados por el público. Asuntos locales y universales pueblan sus poemas, con los que demuestra que no hace falta el costumbrismo o el simplismo paisajista para nombrar la tierra natal.

Con la producción de Ferraro, un lenguaje nuevo y sorprendente asomó en la poesía riojana y concitó la adhesión de las nuevas generaciones; actitud que, felizmente, sobrevive en los (pocos pero buenos) verdaderos poetas que tenemos.

Exilio y regreso

Acaso, en aquellos tiempos de bonanza, no imaginó este viajero infatigable, que una de las más logradas metáforas de sus versos, el exilio (me refiero a “Exilio submarino” en “Antepasados del Insomnio”, Losada, Buenos Aires, 1966.), se haría carne en él y su familia en los años más absurdos y crueles que aún debía atravesar la historia argentina (época asombrosamente vislumbrada por él mismo en uno de sus poemas).

Y si bien pudo regresar a la patria juntamente con la democracia, el alma del poeta había quedado marcada por aquella herida a la que se sumaban tantas ausencias, y su vida se apagó en la tristeza de no haber encontrado, con el regreso, el mundo dejado al partir.

Ariel Ferraro (José Humberto Pereyra) murió el 4 de noviembre de 1985.

Principales obras:

Serenata de greda (1945)

La Rioja innominada (1960)

La música secreta (1962)

Visitación a Marc Changall (1064)

El Rabdomante (1966)

Antepasados del insomnio (1966)

Las aventuras congénitas (1975)

Ceremonial para arqueólogos ebrios (1983)

Antología Poética (póstumo) (1997)


Marcela Mercado Luna

miércoles, 18 de abril de 2007

"Obras encogidas" de Marcelo Lacasa

Libro: Obras encogidas
Autor: Marcelo Lacasa
Editorial: Nexo

Siendo la novela un género poco cultivado en La Rioja, es de saludar con entusiasmo un libro que la contiene por partida doble, ya que son dos las nouvelles que se dan maña para entrar en un solo volumen, e integrar estas “Obras Encogidas” de Marcelo Lacasa, un título hábilmente interpretado por la ilustración de tapa del editor, que con tan buena presentación, amerita el perdón por algún error tipográfico deslizado entre las páginas. Se trata de Mil nueve setenta y tres y La manzana de los cuerdos, publicadas por separado en 1990 y 1992, respectivamente.


Mil nueve setenta y tres
Transcurre esta novela en la ciudad de Aimogasta, a la que –sin demasiadas intenciones de despistar– el autor prefirió rebautizar como “Araugasta”, salpicándola de unas cuantas alusiones histórico-geográficas por si a alguien le quedaran dudas acerca del espacio elegido para la narración. Así, las referencias a Severo Chumbita como el héroe del pueblo, al olivo cuatricentenario como símbolo y síntesis de la historia del lugar, a los bordos de Talacán, los canales, las fincas... conforman el marco inconfundible en el que se mueve un grupo de personajes que ponen en juego sus sueños, intereses y fracasos, que, en mayor o menor medida, se vinculan con la actividad económica de la zona.
La local y eterna pulseada entre los pequeños productores aceituneros y los grandes industriales es la causa de los desvelos de Hugo Casal, el joven protagonista de la novela, que –acunando sueños de héroe en la más secreta intimidad– actúa impulsado por su natural rebeldía y un idealismo no contaminado con etiquetas políticas. Sus múltiples afanes, tanto personales como comunitarios, encontrarán sin embargo, más de un obstáculo, en un año interpretado como de mala racha por la mente supersticiosa de Hugo. Es el año que da título a la obra y no sólo genera expectativas personales, sino que se enmarca en circunstancias cruciales para la historia argentina, que cierra por entonces uno de sus muchos capítulos de gobiernos de facto, y se prepara –en medio de gran ebullición colectiva– a recibir el advenimiento de un nuevo período democrático que se anuncia peronista a todas luces.
Entre prejuicios ideológicos, resistencia social, vida familiar, intereses patronales y anhelos juveniles, se desliza sutilmente el humor, como eficaz condimento de muchas de las anécdotas pueblerinas que se entrecruzan para armar un tramo del devenir de esta “Araugasta” desbordante de olivos y de viento.

La manzana de los cuerdos
La manzana del imaginario albergue para “locos” no peligrosos donde transcurre esta historia, está situada en pleno centro de la ciudad de La Rioja, entre calles fácilmente identificables. En ese espacio, además del mencionado albergue en el que viven (o trabajan) los personajes de la novela, hay una capilla con salida independiente a la calle Hipólito Irigoyen y un hogar de niñas huérfanas (regenteado por las monjas propietarias de todo el predio) cuyo frente se ubica sobre la Copiapó. En otra de las cuadras que rodean la manzana, se levanta la lujosa vivienda de un profesional de la construcción, que gentilmente canjea favores y reparaciones edilicias por terreno y más terreno que se anexa a sus dominios.
Es ésta una novela estructurada en siete capítulos en los que la narración alterna los puntos de vista, intercalando capítulos en los que monologa el protagonista (Agustín) y capítulos en los cuales una mirada con absoluta conciencia autorial amplía la perspectiva narrativa.
Las valoraciones de Agustín mantienen la ingenuidad propia de quien nada sabe del mundo exterior porque la amnesia que lo domina sólo le permite recuperar fragmentos del pasado en imágenes oníricas y dispersas. Un sentimiento de orfandad por alguna ausencia hiriente, late con fuerza conmovedora a lo largo de la novela.
Personajes bien diseñados irán captando con sus vicisitudes, el interés del lector. Ahí están: Elena, idealista y solidaria, el doctor Quiroga que intenta apostar al amor en la madurez de su vida, la fresca Mariacé inspiradora de sensaciones y sentimientos nuevos en el protagonista, o el inolvidable Charly, de lograda caracterización, veterano de la Guerra de Malvinas, sabio y loco, cuyas aspiraciones no encuentran cabida en el mundo de la gente “normal” y terminan chocando brutalmente contra una realidad indiferente y ciega.

Obras encogidas: dos novelas cortas, ágiles e interesantes, que por momentos nos harán dudar de la pureza de la ficción y por momentos nos interrogarán acerca de la realidad en la que nos movemos a diario.

Marcela Mercado Luna (14 /10/ 2005)

domingo, 8 de abril de 2007

NUEVO MAPA DE LA POESÍA RIOJANA

Título: Nuevo mapa de la poesía riojana
Autor: Hector David Gatica
Editorial: Alta Córdoba Impresos


Lejos de limitarse a una simple reedición actualizada del Mapa de la Poesía Riojana (1989), como tal vez podría pensarse a partir del título, Héctor David Gatica reformula, en este libro, su trabajo de compilación, ampliándolo y enriqueciéndolo con el producto de las investigaciones posteriores, realizadas para los cuatro tomos de Integración Cultural, que dieron como resultado un completo cuadro de la actividad cultural en La Rioja.
El escritor de Villa Nidia se siente otra vez llamado por su inquebrantable vocación de “rastreador” para intentar un nuevo recorrido de ese sendero que la poesía riojana fue forjando a lo largo de cuatro siglos de permanencia. Una tarea nada fácil, porque el trayecto no siempre es nítido y se desdibuja en años de silencio poético dejando salpicado alguno que otro signo de inspiración, tal como sucede en los tiempos posteriores a la conquista.
Con acertado criterio, Gatica agrupa a los poetas: por generaciones (sin descuidar por ello el tratamiento en conjunto en el caso de los grupos literarios) y por procedencia, siguiendo el enfoque por departamentos usado en Integración Cultural.
En muchos casos, la mención de un autor, grupo o movimiento se completa con notas periodísticas o comentarios, tanto del propio Gatica como de otros autores que abordaron en algún momento la temática en cuestión. Otras veces, queda un nombre, un poema, una época como marca de referencia para el que desee profundizar por su cuenta un aspecto puntual de los tópicos enunciados.
También los emprendimientos editoriales tienen su espacio en estas páginas a través de la evocación de las revistas que en diferentes momentos y lugares se destinaron a la difusión de la poesía riojana. Con respecto a la publicación de libros, se recuentan aquí algunas colecciones y antologías que, en mayor o menor medida, incluyeron el género lírico.
Todos tienen lugar este mapa: los que se fueron y los que todavía están felizmente entre nosotros; los jóvenes y los viejos, los cantautores y los recopiladores, los poetas consagrados y los que aún permanecen inéditos, llegando hasta los nuevos vates presentados en la Feria del Libro La Rioja 2004, en el denominado “Panel de poetas jóvenes”.
No encontrará el lector miradas ni comentarios críticos. Encontrará, fundamentalmente (además del material ya dicho), poemas, cuidadosamente seleccionados por el compilador y puestos a la consideración del público sin intermediaciones, pero enmarcados en un claro esquema de orientación temporo-espacial. Y si, como dice la canción de María Elena Wlash, “en el país de no me acuerdo, doy tres pasitos y me pierdo...” no podemos menos que agradecer a David Gatica, este legado de memoria que él ha dado en llamar “mapa”. Más que mapa, hoja de ruta: un esfuerzo “cartográfico” de gran utilidad para ubicarnos, para conocer, sin perdernos, el terreno que pisamos cuando hablamos de poesía riojana.

Marcela Mercado Luna

sábado, 22 de julio de 2006

Julián Cáceres Freyre

Julián Cáceres Freyre
Medio riojano por línea paterna, Julián Cáceres Freyre (nacido en Buenos Aires el 3 de Junio de 1.916) se hizo riojano del todo en las vacaciones de su niñez, cuando sus padres lo traían en tren hasta Aimogasta junto a sus hermanos y a un montón de valijas y baúles que luego toda la familia subía a lomo de mula para emprender viaje hacia “Aschá” estancia donde pasaban gran parte de los veranos.
El Departamento Arauco y, particularmente Aschá, fue para Julián el comienzo de su afición por la Arqueología. Esas tierras lo vieron, junto a otros niños que correteaban bajo sus órdenes, buscar y recoger “flechas de cuarzo”, “tejitas” y otros restos de alfarería indígena para integrar sus tempranas colecciones.
En Buenos Aires, la casa de Perfecto Bustamante, vecina a la de sus padres “en el barrio de Santa Fe y Pueyrredón” (al decir del propio autor) afianzó sus inclinaciones infantiles. Perfecto Bustamante, oriundo de Famatina, se había trasladado a Buenos Aires llevando en sus pensamientos girones de leyendas regionales, y en sus baúles, vasos de cerámica, estatuillas antropomorfas, puntas de flecha, hachas de piedra y otras piezas arqueológicas que exhibía tras las vidrieras de su curioso negocio. Allí Julián desde sus catorce años las observaba con admiración. Al respecto recuerda:
“Me fascinaba ese museo, tan cerca de mi propia casa, sobre todo por tratarse de objetos nada menos que de La Rioja, los que a mí me seducían y ya, para ese entonces coleccionaba.”
Nunca se desviaron sus inclinaciones claramente orientadas. Alimentó y profundizó sus estudios y rastreos indagatorios en la misma línea, hasta transformarlos en su profesión de “antropólogo, geógrafo e historiador” como él mismo la define.
Desempeñó la docencia, ejerciendo las cátedras de “Historia del Folklore” e “Historia del Arte” en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad de la Plata y la de “Arqueología Argentina y Americana” en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica Argentina.
Accedió a la categoría de Miembro de número en las Academias de Geografía, Historia y Sanmartiniana.
Desempeñó el cargo de Director del Instituto Nacional de Antropología, durante más de veinte años.
Fue distinguido con mención especial por el Instituto Superior de Arte y Comunicación de la Ciudad de La Rioja; recibió el “Famatina de Plata” de la Dirección de Cultura Municipal y se le declaró “Ciudadano Ilustre” por el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Rioja.
Participó de la creación del Museo Folklórico al que donó piezas de su colección particular y prestó su más desinteresado asesoramiento.
Todo esto, para circunscribir al plano riojano, su extendido currículum.
Aquí en La Rioja, no hay lugar que no haya explorado este hombre de andar liviano, de aguda mirada y acelerada palabra acompasada con el ritmo de sus gestos característicos. Pleno de una juvenil curiosidad, paseó su estampa por toda nuestra provincia, buscando los tesoros de una cultura anterior, las tradiciones más genuinas de esta tierra y la historia de los sin historia, despertándolos para que todos pudiéramos verlos, como Perfecto Bustamante, Eugenio Giacomelli y ahora, Cesar Reyes.
Julián Cáceres Freyre falleció el 13 de junio de 1999. Se dice que en sus últimos años –aunque escribió más de un testamento- no varió jamás su determinación de descansar en La Rioja, y, en cumplimiento de sus deseos, sus cenizas fueron esparcidas en Aschá, aquella quebrada cercana a Aimogasta, donde llegaba todos los años a descansar de sus andanzas exploratorias; o acaso, a buscar al niño que corría buscando tejitas al frente de su grupo de pequeños asistentes.

Ricardo Mercado Luna: Texto extraído de la contratapa del Libro: "César Reyes: bibibliografía comentada", de JCF, editado por la BMM

miércoles, 3 de mayo de 2006

UNA VOZ ANTIGUA: FÉLIX LUNA


UNA VOZ ANTIGUA...
Félix Luna: siempre volviendo a la tierra de sus mayores

Por Marcela Mercado Luna


Si bien La Rioja ha estado siempre entre las inquietudes históricas, literarias, y aun musicales de Félix Luna, es de hacer notar que, en los últimos dos años, el reconocido escritor ha dado muestras de profundización en la búsqueda de sus propias raíces, al focalizar la mira en los orígenes y la actuación de muchos de sus ancestros.

Ferias del Libro La Rioja 2003 y 2004
Tal vez sin ser advertido por el gran público, este retorno a las raíces no ha pasado desapercibido en estos pagos donde —especialmente en las dos últimas ediciones de la Feria Provincial del Libro— los riojanos hemos sido testigos de algunos trabajos que así lo demuestran. Ya en el 2003, fuimos los privilegiados receptores de la magnífica conferencia sobre Pelagio B. Luna (tío del historiador), que pronunciara Félix en el marco de la mencionada feria; conferencia de la que, lamentablemente, no quedó registro alguno, por no haber sido grabada y porque el disertante hizo su exposición basándose en un simple boceto de los temas a tocar. Pelagio B. Luna: Retrato de un político riojano era el título de aquella memorable ponencia.
Un año más tarde, en la Feria 2004, se presentaba su libro Temas de historia de La Rioja colonial, una recopilación de crónicas y artículos sobre la temática expresada en el título, que habían aparecido en publicaciones especializadas anteriores. En ese trabajo —editado en esta ciudad por la Agencia Provincial de Cultura— Felix Luna afirma que su interés por la historia de La Rioja ha sido permanente, debido a la necesidad, entre otras cosas de “saber las andanzas de los hombres y mujeres de mi sangre, que habían estado enraizados en los avatares locales desde la remota época de la conquista...” Cabe destacar que, en el capítulo Retrato de un Guerreo del Tucumán, el historiador rescata el relato (publicado años atrás en el diario La Opinión y en el Nº 46 de la revista de la Academia Nacional de Historia) de las vicisitudes del primer Luna radicado en suelo riojano, Don Gregorio Gutierre de Luna y Cárdenas; y no será ésta la última vez que Don Gregorio habite páginas escritas por su descendiente.

La saga de los Luna
Esta suerte de búsqueda de raíces que señalamos, acaso se vea en cierto modo coronada con un pequeño libro de muy reciente aparición (octubre de 2004): Los Luna. Apuntes para mis descendientes(*). Se trata de una edición limitada, no disponible para la venta, que se distribuyó entre allegados y familiares del autor, quien se dedica aquí a rastrear la trayectoria de los Luna, empezando por el primero que adoptó ese apellido en el viejo mundo (allá por el año 1095): el aragonés Don Bacalla o Bacahala, quien comienza a usarlo a partir de la toma de la Villa de los Luna, arrebatada a los moros, y cuyos descendientes incorporaron la luna en menguante como uno de los símbolos distintivos de su escudo de armas, el mismo escudo con el que don Gregorio Gutierre de Luna y Cárdenas, sella su testamento en La Rioja, en 1676.
Claro que expresado así, con nombres y fechas remotas, podemos llegar a dar una idea errada del libro que está muy lejos de ser un mero rastreo de ascendencias y descendencias generacionales. Por el contrario, sus páginas se leen con placer y rapidez; porque está planteado como un rompecabezas que va dispersando piezas a lo largo del texto, probando su correlación, haciéndolas encajar perfectamente en muchos casos, y en otros, dejando el espacio en blanco para ser llenado por el sentido común, la imaginación o algún documento que pudiera venir a reafirmar las hipótesis diseñadas.
Pero no sólo la trama narrativa confiere amenidad al libro sino también ese registro desacartonado y familiar que eligió el autor para dirigirse a sus descendientes, porque el libro está dedicado a ellos: a sus nietos (tres hasta el momento, cuya foto luce en la contratapa) y también a “biznietos y demás fauna desconocida” quienes —se esperanza el abuelo en su dedicatoria— se interesen tal vez “por hechos y personas que de alguna manera tienen que ver con ellos”. Este lenguaje familiar se hace por momentos humorístico en la valoración irónica de ciertas acciones narradas, y se tiñe, las más de las veces, de ternura, en la evocación del padre y en esa permanente referencia a los “queridos descendientes”.

Este no es un libro de genealogía. Es mucho más que eso: es historia y es también arte. Difícilmente, los libros de genealogías tengan la frescura y la amenidad de éste, que no por desacartonada descuida el rigor del dato documental, sino que, por el contrario, lo reverencia, y además, lo encara con profunda honestidad intelectual cuando separa, frente a los documentos existentes, las deducciones de los anhelos y cuando señala las posibles respuestas a los enigmas planteados por algún bache de la documentación. Además, difícilmente un libro de genealogía pueda presumir de ilustraciones tan ajustadas al tema ni de tan pintorescos retratos: nadie duda de la sangre Luna que corre por las venas de esos ancestros tan hábilmente ilustrados por la mano del propio autor: todos de nariz prominente y anteojitos.

Finalmente, en el caso de esta lectora —Luna también, al fin y al cabo— se suma el valor agregado de saberse deudora al menos del buen don Bacahalla; y soñarse —por qué no— prolongación de alguno de los muchos personajes (la mayoría buena gente y honorable) que pueblan estas páginas.

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(*) Este libro puede ser consultado en la Biblioteca Mariano Moreno.