
Ricardo Mercado Luna nació en
Cursó los estudios primarios en
Nombres que después cobrarían trascendencia en nuestra sociedad, como los de Enrique Peñaloza Camet, Olga Santochi, Juan Carlos Soria y Ramón Navarro, entre otros, formaban parte de aquel grupo de jóvenes entusiastas que –bajo la mirada paternal de su vicerrector y profesor de Historia, Dardo de
Habiendo obtenido el título de bachiller, se trasladó (con su hermano Jorge) a la ciudad de Córdoba para cursar sus estudios de derecho.
En esos años se despertó en él un gran entusiasmo por el proyecto de Arturo Frondizi, y alternó sus estudios con variadas lecturas de temas históricos, sociológicos y políticos que contribuían a su formación. Comenzó a militar en estamentos juveniles de
Egresó como abogado de
Ricardo Mercado Luna siempre acompañó los reclamos sociales que consideraba justos, y desde esa postura, su labor profesional privilegió a la gente del pueblo: no sólo fue asesor del combativo diario El Independiente, sino también de Monseñor Angelelli, de
El Derecho Constitucional fue para él una pasión a la que dedicó gran parte de sus esfuerzos. También en el campo jurídico cumplió una destacada labor editorial: fundó y dirigió
Alternaba su trabajo de abogado con la labor docente (tanto en
El 9 de junio de 1976 la dictadura de Videla lo encarceló junto a otras dos destacadas personalidades de la educación riojana: el Profesor Arturo Ortiz Sosa y el Licenciado Carlos Alberto Lanzilloto, a este último lo uniría un destino común de cautiverio, traslados y penurias por más de tres años hasta obtener –juntos– la libertad vigilada y luego la definitiva a fines de
Entre las cuatro paredes del IRS nació ese canto de amor a la tierra que es
Pero sus años de cárcel le inspiraron otros textos de contenido menos grato, más doloroso, como los cuentos “¿Supiste de Juan Carlos?”, “Aquel lejano saco beige” y “El arreo”.
Fueron años duros y de angustia para los presos y sus familias: la sociedad en general, parecía no querer enterarse de la trama secreta de esa otra Argentina que ahogaba gritos en las cárceles y en los campos clandestinos de detención.
El año del Mundial de Fútbol, 1978, Ricardo se encontraba en Sierra Chica y sus familiares realizaban –turnándose para viajar– largos recorridos, llenos de etapas y trasbordos, con el propósito de visitarlo cada fin de semana. Adentro, reinaba la injusticia, lo irracional y la crueldad sin límites; afuera, la gente llenaba las calles con papelitos tirados al aire y muy pronto luciría en sus automóviles absurdas calcomanías que rezaban la leyenda: “Los argentinos somos derechos... y humanos”.
Hombre de política y profundamente democrático recibió –como la gran mayoría de los argentinos– con entusiasmo y esperanza la convocatoria a elecciones en el año 1982. La reapertura de los comités lo encontró adhiriendo desde su inicio a la propuesta de Raúl Alfonsín, que se presentaba clara y contundente en su defensa de las instituciones del pueblo y en la condena a los crímenes de la dictadura.
Retomó sus cátedras y participó –junto a un grupo de profesionales– del proyecto que sentaría las bases de
Militó en el Movimiento de Renovación y Cambio y en 1989 fue diputado provincial por el radicalismo, cargo al que renunció en 1991 en cumplimiento de un acuerdo interno.
Después de este breve período en un cargo electivo, no acepto más candidaturas, y su militancia radical se circunscribió a un rol de acompañamiento cada vez menos entusiasta ante la contemplación de lo que él consideraba “pequeñas mezquindades personales” de la dirigencia partidaria, que anteponía intereses particulares a las reales expectativas de los afiliados.
Pero sus convicciones de militante de la vida jamás decayeron. La actividad intelectual fue la trinchera desde donde analizó la realidad de sus días y denunció los procesos históricos recientes que contribuían a la postergación y el estancamiento del pueblo.
Su multifacética actuación fue reconocida en vida a través de varias distinciones (Nota 3) Fue miembro de varias asociaciones, tanto de juristas como de historiadores y escritores (Asociación Argentina de Derecho Constitucional, Asociación de Ciencia Política Argentina, Junta de Historia y Letras de
Libros como: Angelelli, Obispo de
Sus reflexiones, investigaciones y posturas frente a diferentes cuestiones de la realidad fueron también expuestas en numerosas conferencias, ponencias en congresos, artículos periodísticos y columnas radiofónicas.
Siempre activo, solía recorrer la ciudad en sus caminatas, que comenzaron siendo una prescripción médica y se transformaron casi en una necesidad espiritual, en un abrazo invisible con su gente. Es que Ricardo amaba profundamente el suelo en que había nacido. Alguna vez adornó su gentilicio con palabras nacidas desde el fondo de su corazón: “... (soy) riojano por nacimiento, por ascendencia, por convicción y compromiso”. Difícilmente podrán olvidar los vecinos de la ciudad de los naranjos su familiar silueta desplazándose por las calles que transitaba a diario.
Pero
Con los años, en “
Hombre de compromisos sólidos y denuncias contundentes, fue también un filántropo de gestos silenciosos: En 1997, al ganar un juicio emprendido contra el estado provincial, decidió destinar la totalidad de esa ganancia a la edición de libros riojanos, y para ello cedió los fondos a
Una de las últimas preocupaciones del autor de
La mañana del 13 de abril de 2005 después de su habitual caminata, se sentó frente a la computadora y escribió el capitulo 8 de “La cruz y la espada en tierra indígena”. Decía que éste sería su último libro. La muerte lo sorprendió trabajando. El trabajo quedó inconcluso.
M M L
Nota 1: Continuó —se entiende— hasta que el golpe del ’76 produjo lo que Mercado Luna llamaría “la militarización del diario” (cfr: “Crónicas de trastiendas en la vida de un Diario” en Solitarias Historias del Siglo que nos deja, Canguro,
Nota 2 Los rostros de la ciudad golpeada,
Nota 3 Ciudadano Ilustre (1999), Premio Santa Clara de Asís (2000), Distinción “Caudillos Riojanos” de
Nota 4 Cfr.:
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