Libro: Obras encogidas
Autor: Marcelo Lacasa
Editorial: Nexo
Siendo la novela un género poco cultivado en La Rioja, es de saludar con entusiasmo un libro que la contiene por partida doble, ya que son dos las nouvelles que se dan maña para entrar en un solo volumen, e integrar estas “Obras Encogidas” de Marcelo Lacasa, un título hábilmente interpretado por la ilustración de tapa del editor, que con tan buena presentación, amerita el perdón por algún error tipográfico deslizado entre las páginas. Se trata de Mil nueve setenta y tres y La manzana de los cuerdos, publicadas por separado en 1990 y 1992, respectivamente.
Mil nueve setenta y tres
Transcurre esta novela en la ciudad de Aimogasta, a la que –sin demasiadas intenciones de despistar– el autor prefirió rebautizar como “Araugasta”, salpicándola de unas cuantas alusiones histórico-geográficas por si a alguien le quedaran dudas acerca del espacio elegido para la narración. Así, las referencias a Severo Chumbita como el héroe del pueblo, al olivo cuatricentenario como símbolo y síntesis de la historia del lugar, a los bordos de Talacán, los canales, las fincas... conforman el marco inconfundible en el que se mueve un grupo de personajes que ponen en juego sus sueños, intereses y fracasos, que, en mayor o menor medida, se vinculan con la actividad económica de la zona.
La local y eterna pulseada entre los pequeños productores aceituneros y los grandes industriales es la causa de los desvelos de Hugo Casal, el joven protagonista de la novela, que –acunando sueños de héroe en la más secreta intimidad– actúa impulsado por su natural rebeldía y un idealismo no contaminado con etiquetas políticas. Sus múltiples afanes, tanto personales como comunitarios, encontrarán sin embargo, más de un obstáculo, en un año interpretado como de mala racha por la mente supersticiosa de Hugo. Es el año que da título a la obra y no sólo genera expectativas personales, sino que se enmarca en circunstancias cruciales para la historia argentina, que cierra por entonces uno de sus muchos capítulos de gobiernos de facto, y se prepara –en medio de gran ebullición colectiva– a recibir el advenimiento de un nuevo período democrático que se anuncia peronista a todas luces.
Entre prejuicios ideológicos, resistencia social, vida familiar, intereses patronales y anhelos juveniles, se desliza sutilmente el humor, como eficaz condimento de muchas de las anécdotas pueblerinas que se entrecruzan para armar un tramo del devenir de esta “Araugasta” desbordante de olivos y de viento.
La manzana de los cuerdos
La manzana del imaginario albergue para “locos” no peligrosos donde transcurre esta historia, está situada en pleno centro de la ciudad de La Rioja, entre calles fácilmente identificables. En ese espacio, además del mencionado albergue en el que viven (o trabajan) los personajes de la novela, hay una capilla con salida independiente a la calle Hipólito Irigoyen y un hogar de niñas huérfanas (regenteado por las monjas propietarias de todo el predio) cuyo frente se ubica sobre la Copiapó. En otra de las cuadras que rodean la manzana, se levanta la lujosa vivienda de un profesional de la construcción, que gentilmente canjea favores y reparaciones edilicias por terreno y más terreno que se anexa a sus dominios.
Es ésta una novela estructurada en siete capítulos en los que la narración alterna los puntos de vista, intercalando capítulos en los que monologa el protagonista (Agustín) y capítulos en los cuales una mirada con absoluta conciencia autorial amplía la perspectiva narrativa.
Las valoraciones de Agustín mantienen la ingenuidad propia de quien nada sabe del mundo exterior porque la amnesia que lo domina sólo le permite recuperar fragmentos del pasado en imágenes oníricas y dispersas. Un sentimiento de orfandad por alguna ausencia hiriente, late con fuerza conmovedora a lo largo de la novela.
Personajes bien diseñados irán captando con sus vicisitudes, el interés del lector. Ahí están: Elena, idealista y solidaria, el doctor Quiroga que intenta apostar al amor en la madurez de su vida, la fresca Mariacé inspiradora de sensaciones y sentimientos nuevos en el protagonista, o el inolvidable Charly, de lograda caracterización, veterano de la Guerra de Malvinas, sabio y loco, cuyas aspiraciones no encuentran cabida en el mundo de la gente “normal” y terminan chocando brutalmente contra una realidad indiferente y ciega.
Obras encogidas: dos novelas cortas, ágiles e interesantes, que por momentos nos harán dudar de la pureza de la ficción y por momentos nos interrogarán acerca de la realidad en la que nos movemos a diario.
Marcela Mercado Luna (14 /10/ 2005)
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miércoles, 18 de abril de 2007
miércoles, 3 de mayo de 2006
UNA VOZ ANTIGUA: FÉLIX LUNA
UNA VOZ ANTIGUA...
Félix Luna: siempre volviendo a la tierra de sus mayores
Por Marcela Mercado Luna
Si bien La Rioja ha estado siempre entre las inquietudes históricas, literarias, y aun musicales de Félix Luna, es de hacer notar que, en los últimos dos años, el reconocido escritor ha dado muestras de profundización en la búsqueda de sus propias raíces, al focalizar la mira en los orígenes y la actuación de muchos de sus ancestros.
Ferias del Libro La Rioja 2003 y 2004
Tal vez sin ser advertido por el gran público, este retorno a las raíces no ha pasado desapercibido en estos pagos donde —especialmente en las dos últimas ediciones de la Feria Provincial del Libro— los riojanos hemos sido testigos de algunos trabajos que así lo demuestran. Ya en el 2003, fuimos los privilegiados receptores de la magnífica conferencia sobre Pelagio B. Luna (tío del historiador), que pronunciara Félix en el marco de la mencionada feria; conferencia de la que, lamentablemente, no quedó registro alguno, por no haber sido grabada y porque el disertante hizo su exposición basándose en un simple boceto de los temas a tocar. Pelagio B. Luna: Retrato de un político riojano era el título de aquella memorable ponencia.
Un año más tarde, en la Feria 2004, se presentaba su libro Temas de historia de La Rioja colonial, una recopilación de crónicas y artículos sobre la temática expresada en el título, que habían aparecido en publicaciones especializadas anteriores. En ese trabajo —editado en esta ciudad por la Agencia Provincial de Cultura— Felix Luna afirma que su interés por la historia de La Rioja ha sido permanente, debido a la necesidad, entre otras cosas de “saber las andanzas de los hombres y mujeres de mi sangre, que habían estado enraizados en los avatares locales desde la remota época de la conquista...” Cabe destacar que, en el capítulo Retrato de un Guerreo del Tucumán, el historiador rescata el relato (publicado años atrás en el diario La Opinión y en el Nº 46 de la revista de la Academia Nacional de Historia) de las vicisitudes del primer Luna radicado en suelo riojano, Don Gregorio Gutierre de Luna y Cárdenas; y no será ésta la última vez que Don Gregorio habite páginas escritas por su descendiente.
La saga de los Luna
Esta suerte de búsqueda de raíces que señalamos, acaso se vea en cierto modo coronada con un pequeño libro de muy reciente aparición (octubre de 2004): Los Luna. Apuntes para mis descendientes(*). Se trata de una edición limitada, no disponible para la venta, que se distribuyó entre allegados y familiares del autor, quien se dedica aquí a rastrear la trayectoria de los Luna, empezando por el primero que adoptó ese apellido en el viejo mundo (allá por el año 1095): el aragonés Don Bacalla o Bacahala, quien comienza a usarlo a partir de la toma de la Villa de los Luna, arrebatada a los moros, y cuyos descendientes incorporaron la luna en menguante como uno de los símbolos distintivos de su escudo de armas, el mismo escudo con el que don Gregorio Gutierre de Luna y Cárdenas, sella su testamento en La Rioja, en 1676.
Claro que expresado así, con nombres y fechas remotas, podemos llegar a dar una idea errada del libro que está muy lejos de ser un mero rastreo de ascendencias y descendencias generacionales. Por el contrario, sus páginas se leen con placer y rapidez; porque está planteado como un rompecabezas que va dispersando piezas a lo largo del texto, probando su correlación, haciéndolas encajar perfectamente en muchos casos, y en otros, dejando el espacio en blanco para ser llenado por el sentido común, la imaginación o algún documento que pudiera venir a reafirmar las hipótesis diseñadas.
Pero no sólo la trama narrativa confiere amenidad al libro sino también ese registro desacartonado y familiar que eligió el autor para dirigirse a sus descendientes, porque el libro está dedicado a ellos: a sus nietos (tres hasta el momento, cuya foto luce en la contratapa) y también a “biznietos y demás fauna desconocida” quienes —se esperanza el abuelo en su dedicatoria— se interesen tal vez “por hechos y personas que de alguna manera tienen que ver con ellos”. Este lenguaje familiar se hace por momentos humorístico en la valoración irónica de ciertas acciones narradas, y se tiñe, las más de las veces, de ternura, en la evocación del padre y en esa permanente referencia a los “queridos descendientes”.
Este no es un libro de genealogía. Es mucho más que eso: es historia y es también arte. Difícilmente, los libros de genealogías tengan la frescura y la amenidad de éste, que no por desacartonada descuida el rigor del dato documental, sino que, por el contrario, lo reverencia, y además, lo encara con profunda honestidad intelectual cuando separa, frente a los documentos existentes, las deducciones de los anhelos y cuando señala las posibles respuestas a los enigmas planteados por algún bache de la documentación. Además, difícilmente un libro de genealogía pueda presumir de ilustraciones tan ajustadas al tema ni de tan pintorescos retratos: nadie duda de la sangre Luna que corre por las venas de esos ancestros tan hábilmente ilustrados por la mano del propio autor: todos de nariz prominente y anteojitos.
Finalmente, en el caso de esta lectora —Luna también, al fin y al cabo— se suma el valor agregado de saberse deudora al menos del buen don Bacahalla; y soñarse —por qué no— prolongación de alguno de los muchos personajes (la mayoría buena gente y honorable) que pueblan estas páginas.
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(*) Este libro puede ser consultado en la Biblioteca Mariano Moreno.
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